“¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de las otras tres partes del mundo.” -Simón Bolívar


Entre siempre y jamás, vista de exposición, Pabellón Latinoamericano (IILA). Foto: Carolina Castro J.

Cuando en 1815 Simón Bolívar redactó la Carta de Jamaica no se hacía una idea de cómo seguiría nuestra historia en los próximos doscientos años. En su escrito, éste prócer de la independencia esboza un grandioso panorama de América que abarca toda la región, desde los Estados Unidos hasta Chile. Panorama que en algunos aspectos poco ha cambiado, puesto que su gran preocupación por la exclusión social en los tiempos de la Colonia sigue siendo motivo actual de lucha para muchos individuos de nuestro continente.

Así mismo los asuntos políticos que entonces se ocupaban de los acuerdos de paz y la guerra hoy llenan la agenda en busca de soluciones para la corrupción y la violencia.  Razones le sobran a las visiones de Bolívar para mantenerse vigentes en nuestro presente y futuro. La Carta de Jamaica se presenta como un discurso al mundo, como una radiografía de nuestros pueblos ante el dominio de los colonizadores y, por qué no, ante el dominio actual de las grandes potencias económicas mundiales.

 

Entre siempre y jamás, vista de exposición, Pabellón Latinoamericano (IILA). Foto: Carolina Castro J.

 

Entre siempre y jamás es un proyecto que el curador Alfons Hug comenzó a trabajar hace algunos años con motivo de la celebración del Bicenteranio de Latinoamérica. Tomando como punto de partida La Carta de Jamaica, realizó una selección de 24 artistas de Latinoamérica y Europa para hacer una lectura actualizada de la Carta de Bolívar. Éstos se han dejado guiar por aquella inquietud interior que alentó a este soñador y transformador, reinterpretando sus utopías con recursos estéticos y de manera totalmente subjetiva, teniendo en consideración posiciones artísticas abiertas a las decisivas transformaciones sociales y culturales a las cuales los estados latinoamericanos se ven sometidos en la actualidad.

Latinoamérica es sin duda un lugar de contrastes. Muchas de nuestras ciudades permanecen congeladas en el tiempo, como si luego de conseguida la tan luchada independencia no hubiera existido motivo para seguir adelante. Otras, han sido levantadas nuevamente por los grandes proyectos de la modernidad, un boom económico que lamentablemente cayó en picada dejando vestigios de las utopías truncadas de un mundo que quiso llegar a ser el primero.

Es común pasear por las calles de San Pablo o Caracas y ver grandes construcciones arquitectónicas abandonadas a medio camino, poblaciones marginales con casas construidas como legos y apaños de conexiones de electricidad absolutamente fuera de norma.  En contraposición se presentan los pequeños pueblos del interior con humildes pero dignas casas de gente de campo, paisajes rurales invadidos en muchas ocasiones por enormes territorios de siembras de soja o explotaciones petrolíferas.

 

Entre siempre y jamás, vista de exposición, Pabellón Latinoamericano (IILA). Foto: Rodolfo Fiorenza

 

El panorama no pasa desapercibido y el arte está dando una segunda mirada a la realidad que late frente a nuestros ojos. En  algunas de las grandes ciudades es posible ver como el arte contemporáneo convive de una manera muy natural con las construcciones del pasado, recordándonos que el esplendor del Barroco americano puede ofrecer respuestas a interrogantes cruciales del arte contemporáneo, y que sin duda el pasado y el presente siempre tienen un punto de encuentro.

Lo que los artistas de esta exposición nos proponen es hacer una revisión en el paso del tiempo desde la Carta de Bolívar hasta hoy, una mirada a nuestra propia identidad latinoamericana, sobre cómo coexistimos con nuestra historia y hasta qué punto el arte puede acercarse a la cotidianidad o tomar distancia de los problemas que afectan a nuestra realidad. ¿Puede, desde este punto de vista, ser la Carta de Jamaica una biografía anticipada de nuestra americanidad, el hilo conductor de nuestra historia?

El título Entre siempre y jamás cita un poema de Mario Benedetti y habla de una distancia temporal entre los comienzos de nuestra historia y el largo recorrido por el cual vamos abriéndonos paso a un futuro que se construye en la actualidad. Los artistas que participan de esta exposición han explorado Sudamérica en todas las direcciones. “Visitaron ciudades pequeñas y apacibles en el interior de los países, y megalópolis desbordantes y abarrotadas. Sitios aferrados al pasado y modernas metrópolis que se han ocupado de extirpar hasta los últimos vestigios de historia”.[1]

 

En primer plano: Julieta Aranda (Mexico), “You had no ninth of may”, 2009, Cortesía: el artistay 1/9 unosunove, Roma/Milano Foto: Rodolfo Fiorenza


 

Entre los trabajos más destacados está el interesante rescate de la memoria y del patrimonio familiar que hace Sebastián Preece (Chile). Una vitrina en la cual descansan los restos arqueológicos de libros que él mismo encontró enterrados bajo la casa de su abuelo forman parte del proyecto De Los Ángeles y Demonios. Modelos de un retrato familiar. El artista hace referencia a su propia biografía, al poco respeto hacia las pertenencias que forman parte de su historia, reapropiándoselas y volviéndolas a la vida. “Hasta ahora nunca nadie hizo nada y todo murió ahí. Yo tomé un muro de la casa, el piso de la casa y todos estos objetos y los trasladé a otra ciudad donde los instalé en una incubadora con un sistema de riego e iluminación artificial con la intensión de poder mantener viva esa porción de ese hogar.”[2]

 

Sebastián Preece, de la Serie Libros, 2008, instalación y fotografía, dimensiones variables. Foto: Rodolfo Fiorenza

 

La presencia de Chile entre los trabajos de los latinoamericanos se hizo notar. Con un lenguaje sutil, inundado de maravillosa contemplación y sin el fatalismo romántico de las pinturas del s. XVIII, Gianfranco Foschino utiliza el video como si con ello pudiera pintar. Home es un plano fijo de una imagen de campo, una casa con tejas, piso de tierra y gallinas que revolotean. El cuadro evoca un modo de vida que parece haberse perdido. La presencia del artista es casi imperceptible, la imagen nos hace entrar en una realidad diferente, obligándonos a detenernos, a tomarnos el tiempo para ver cada detalle de los pequeños movimientos que ocurren en el video. Foschino, tomando como referencia la espectacularidad del cine mudo, nos muestra aquellos lugares que, aunque distantes, también forman parte de nuestro territorio y de nuestro mundo contemporáneo.


Gianfranco Foschino, Home, 2009, HD video, color, sin sonido, 5 min. Cortesía del artista

 

María Rosa Jijón (Ecuador), nos introduce en las paradojas del mundo moderno. En su video Paradoja Manta Manaos nos da una visión crítica de un proyecto urbano que está devastando actualmente la Amazonía. Desde hace algunos años se construye una autopista que pretende “comunicar” los distintos puntos del país, pero en realidad se trata de un mega proyecto para facilitar la conducción del petróleo para la exportación al mercado oriental. El video muestra una imagen de un paisaje de la Amazonía sobre el cual se trasparenta una carta geográfica. “La carta Geográfica ha sido siempre un instrumento de colonización, un instrumento para que los colonos pudieran reconocer el territorio que iban a conquistar, a dominar. La música que acompaña al video es la de una ceremonia chamánica de un hombre quechua de la zona donde fue hecho el video, una ceremonia de purificación y sanación.”[3]

 

María Rosa Jijón, Paradoja Manta Manaos. 2009, video, color, sonido, 5:38 min. Cortesía de la artista

 

“Si hay alguna zona del mundo que se siente subyugada por la retórica política es Latinoamérica”, señala el artista venezolano Alexander Apóstol. Su trabajo, Yamaikaleter, es un video en el cual un grupo de dirigentes comunales populares de diferentes facciones políticas de Venezuela leen la Carta de Jamaica escrita por Bolívar. Como muchos de ellos no hablan, escriben, ni leen inglés la situación se torna incomprensible, produciendo un conflicto del lenguaje, dejándonos finalmente con el sentimiento de impotencia de cada uno de los lectores, e incluso de nosotros mismos por quedar excluidos del mensaje de Bolívar. “El documento habla no solo de las bases de las políticas de las nuevas repúblicas bolivarianas, sino también habla de la inclusión social en los tiempos de la Colonia. Entonces, de alguna forma tanto los lectores como nosotros estamos todos excluidos de un documento que habla de la inclusión social.”[4]

 

Alexander Apóstol,”Yamaikaleter”, 2009 Video, color, sonido 21 min. Cortesía del artista

 

Sin duda La Carta de Jamaica tiende un puente entre la América de la colonia y la de hoy, en que muchas cuestiones siguen siendo tema no solo de conversación si no de debate político y de cuestionamiento respecto a como hemos trabajado en pro del desarrollo de nuestros pueblos y nuestras culturas. El mundo ha conseguido acortar las distancias, pero Latinoamérica sigue siendo el tercer mundo, el lugar donde más hemos hablado de revolución, donde más hemos hablado de cambios sociales, de utopías y donde caemos en la preocupación constante y la historia sin fin. Los artistas presentes en esta exposición son el fiel reflejo de la gran urgencia de intentar resolver muchos temas tanto sociales como políticos, temas que no solo rondan las cabezas de los artistas sino también de la gente común y de los ciudadanos del mundo.



[1] Alfons Hug, texto Entre Siempre y jamás

[2] Entrevista a Sebastián Preece.

[3] Entrevista a María Rosa Jijón

[4] Entrevista a Alexander Apóstol.