En las pinturas de Federico Villarino (Buenos Aires, 1978) se crea una tensión seductora e intrigante entre geometría y paisaje. El artista superpone el carácter estructurado, calculado y hermético de la figura geométrica a la sensualidad, organicidad y volatilidad de paisajes cuasi románticos. El misterio emerge de esta fricción entre lo figurativo y lo lineal. Las obras de Villarino, inspiradas en la pintura metafísica de Giorgio De Chirico y Max Ernst, plantean una doble imagen, figura y fondo, en un ejercicio en el que el ojo va descubriendo la belleza, capa por capa.








