La retrospectiva de Alfredo Jaar en Berlín es una invitación nunca antes vista a conocer la trayectoria de más de 30 años de su extensa carrera. Compuesta por tres muestras simultáneas y complementada por un intenso programa de conversaciones, visitas guiadas y presentaciones realizadas por el propio artista, esta emblemática exhibición, titulada The way it is. An Aesthetics of Resistance, incluye una selección inédita de obras realizadas durante los dramáticos años posteriores al golpe militar en Chile y trabajos producidos en y para Berlín, acompañados de instalaciones que utilizan la luz como elemento simbólico y Ruanda como temática central.

 

Alfredo Jaar, 1+1+1, 1987. Cortesía: The Art Institute of Chicago

 

Alfredo Jaar, Persona, 1987. Cortesía del artista

 

Tres espacios acogen la retrospectiva de Jaar en Berlín: NGBKBerlinische Galerie Alte Nationalgalerie. Paralelamente, dos significativos trabajos del artista -1+1+1 y Persona- se instalan en la colección permanente de obras del siglo diecinueve en la Neue National Galerie.

 

Alfredo Jaar, Chile 1981, Before Leaving, 1981. Cortesía del artista

 

Entrar a la sala de la NGBK es como adentrarse a conocer la historia de Chile a partir del mismo momento en que el Palacio de la Moneda fue bombardeado. Obras relacionadas a este dramático episodio y los años que lo siguieron invitan al espectador a percibir la atmósfera que motivó a Jaar a desarrollar un discurso sumamente visionario y las circunstancias que lo llevaron a emigrar a la ciudad de Nueva York en 1982.

 

Alfredo Jaar, September 11, 1973, 1974. Cortesía del artista

 

A la visita guiada del artista, el pasado 16 de junio, se esperaban a lo más unas diez personas. Me atrevería decir que esa lluviosa tarde no hubo menos de 100 personas siguiendo atentamente cada uno de sus comentarios en torno a estas tempranas obras, reflejo íntimo y colectivo a la vez del drama vivido en Chile a fines de los años 70. Para los chilenos presentes fue, sin duda, un momento conmovedor.

 

Alfredo Jaar, The Aesthetics of Resistance, 1992, instalación en el Pergamonmuseum, Berlín. Cortesía: NGBK

 

El título The way it is. An aesthetics of resistance refleja la metodología de Jaar durante casi cuarenta años de carrera, donde la urgencia ética ha sido necesaria y motivante para cada proyecto que se ha propuesto desarrollar. Alfredo Jaar -quien se define a sí mismo como un arquitecto trabajando en el mundo del arte- divide su vida profesional en tres áreas principales: sus proyectos dentro del “white cube”, su actividad académica y sus intervenciones públicas. Sólo de esta manera, según declara, se siente completo, tanto profesionalmente como ser humano.

Esto último fue analizado durante la conversación con Chantal Mouffe -profesora de teoría política y directora del Centre for the Study of Democracy de la Universidad de Westminster, en Londres- llevada a cabo en la Berlinische Galerie. El artista tuvo oportunidad de compartir sus reflexiones en torno a qué es lo que significa trabajar motivado por acontecimientos político-mediáticos y desarrollar una producción de obra dentro de los “últimos espacios de libertad”, como él señala, que son los museos, galerías, organizaciones culturales y universidades.

Mouffe apuesta por definir la obra de Jaar como uno de los mejores ejemplos de la “estética de resistencia informada por la estrategia hegemónica de la guerra de posicionamiento”, es decir, un artista que ve las instituciones como un importante terreno de lucha. Combinando estos tres tipos de actividades, Alfredo Jaar es capaz de intervenir en una variedad de sitios donde la hegemonía dominante se establece y reproduce, contribuyendo de esta manera al desarrollo de movimientos contra-hegemónicos.

 

Alfredo Jaar, Studies on Happiness: Public Interventions, 1981. Cortesía del artista

 

Alfredo Jaar, Studies on Happiness: Public Interventions, 1981. Cortesía del artista

 

Alfredo Jaar, Studies on Happiness: Public Interventions, 1981. Cortesía del artista

 

La metodología de Jaar, en este sentido, propone descomposiciones desde el conflicto socio-político-mediático, a través de su particular mirada espacial como arquitecto, para idealmente producir un quiebre en el sistema. Ejemplos de obras tales como Estudios sobre la felicidad (1979-1981) o Questions Questions (2008) proponen la utilización de espacios comunes -transporte público, letreros, estaciones, etc- para desarticular el sentido común y generar una provocación a través de preguntas aparentemente simples e inocentes como “¿es usted feliz?” o “¿la política necesita de la cultura?”, pero que llevan consigo una sub-lectura que contribuye al desarrollo de un movimiento de conciencia contrario a la hegemonía.

 

Alfredo Jaar, Telecomunicación (detalle), 1981. Cortesía: d.p. Collection Evelyn Meynard

 

Alfredo Jaar, Telecomunicación (detalle), 1981. Cortesía del artista

 


 

Durante una conversación entre Jaar y Adriana Valdés, los asistentes pudimos profundizar nuestra percepción en torno a los comienzos del artista entre la desesperación y el sepulcral silencio que reinaba en Chile durante la dictadura, y cómo se ha manifestado su relación con el país luego de haberse radicado en Nueva York.

“Cuando la ironía no es suficiente”, como declaró Valdés en su emocionada lectura inicial, es una frase que repite y abre la conversación donde ambos reflexionaron sobre la manera cómo los intelectuales que se quedaron en el país adoptaron una compleja estrategia para elaborar, publicar y difundir sus escritos, momento que propició el origen del catálogo como herramienta de apoyo y difusión de las artes visuales, donde tanto artistas como escritores se vieron beneficiados al poder compartir una dinámica de resistencia a modo de “exilio interior”.

 

Alfredo Jaar, A New World (detalle), 1990. Cortesía del artista

 

Finalmente, Jaar realizó una presentación titulada It is difficult, donde compartió génesis y procesos de una selección de intervenciones públicas en distintos lugares del mundo, tales como Dear Marcus (Finlandia,2011), The Skoghall Kunsthall (Suecia, 2000), Lights in the City (Canadá, 1999), The Cloud (México-EEUU, 2000) y Geometría de la Conciencia (Chile, 2010).

“El arte es 99% pensamiento, el resto es articular la idea”, señaló el artista, y puso de manifiesto el proceso racional que se encuentra oculto bajo cada proyecto, proceso que sin embargo se debe abrir al azar inmediato para poder encontrar una idea y orquestar la mejor solución para poder comunicarla, sólo después de haber entendido integral y exhaustivamente el contexto donde se lleva a cabo cada intervención. Este proceso es lento—algunos han tomado años en realizarse— y requiere de la colaboración de autoridades institucionales y de la comunidad local. Por lo tanto, cada intervención pública de Jaar es el resultado de una cultivada dinámica de confianza por parte de los agentes que lo invitan a participar y las condiciones que propician este proceso.

 

Alfredo Jaar, The Cloud, 2000. Cortesía: Art 21

 

Sin embargo, dada la naturaleza de la intervención pública, el éxito de cada proyecto no se encuentra implícito en él. El artista lo sabe y declara honestamente, tal como sucedió con Requiem for Leipzig (2005), donde infructuosamente trató de crear un diálogo entre la audiencia en una iglesia abandonada. Por el contrario, la audiencia lo creó fuera de ella, sintiéndose intimidada por la carga espacial e histórica de la construcción.

El artista se somete al enorme desafío de encontrar una estrategia de representación específica para cada contexto a intervenir, después de la cual es apropiada por la comunidad, y la mayoría de las veces, sin un posterior seguimiento. Esto, como síntoma general, ha sido cuestionado por algunos observadores, tales como el reconocido crítico e historiador de arte Hal Foster, quien señala en su texto The artist as Ethnographer que “a pesar de las buenas intenciones del artista, sólo una participación limitada por parte del Otro se lleva a cabo. Casi naturalmente, el foco se desvía de la colaboración investigativa hacia la ‘autoconstrucción etnográfica’, en la que el artista no se descentra tanto como el Otro es articulado en apariencia artística”  (1)

 

Alfredo Jaar, Lament of the Images (detalle de instalación), 2002. Cortesía: Louisiana Museum of Modern Art, Humlebæk, Dänemark

 

Alfredo Jaar, Lament of the Images (detalle de instalación), 2002. Cortesía: Louisiana Museum of Modern Art, Humlebæk, Dänemark

 

La metodología de Jaar no incluye necesariamente un éxito en cada proyecto, ni tampoco un seguimiento luego de cada intervención pública, sin embargo, el valor de su estrategia se encuentra en su extrema sensibilidad (Jaar no impone ninguno de sus proyectos a la comunidad), su capacidad de abarcar eventos tan lejanos y disímiles (en su conjunto fuera del alcance de la mayoría de nosotros) y su posterior puesta en escena frente a la corriente internacional.

Asimismo, sus acciones han servido como modelo para aquellos artistas activistas que desean fusionar el arte con el escenario socio-político y desprecian la dominación de los medios corporativos -un tema punzante en los tiempos presentes.

Artista global al utilizar tres contextos distintos para combinar su actividad profesional, Alfredo Jaar satisface la necesidad de comunicar conflictos sociales, políticos y mediáticos elegantemente representados e intentar producir un quiebre en un sistema que pareciera no ofrecer una alternativa al neoliberalismo, sometiéndose al reto de resistir ante una cultura occidental sobrecargada de elementos visuales.

 

 

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1) Hal Foster, The Artist as Ethnographer?, en The Traffic in Culture: Refiguring Artand Anthropology, ed. George E. Marcus and Fred R. Myers (Berkeley: University ofCalifornia Press, 1995), 306 (traducción propia)