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STUDIO VISIT
MARCELA TRUJILLO

POR ALEJANDRA VILLASMIL

Artishock estuvo en el taller de Marcela Trujillo, en pleno centro de Santiago, justo cuando estaba por enviar sus obras al Museo de Artes Visuales (Mavi), donde presentará a partir del 10 de marzo su exposición Ciencia Ficción Femenina, un recorrido por su pintura que incluye desde trabajos que hizo en Nueva York a finales de los 90 hasta aquellos a los que les perdió la pista después de que pasaran a manos de sus coleccionistas. La muestra ofrecerá un nuevo conjunto de obras: seis pinturas y seis acuarelas de gran formato, un dibujo a lápiz monumental, una animación y un documental sobre el proceso. Estos trabajos se alejan de la temática autobiográfica característica de la artista para adentrarse en relatos de ciencia ficción en los que las protagonistas son superheroínas comandando naves orgánico-tecnológicas. Incisiva, emocional y con gran sentido del humor, así es Marcela Trujillo y así son sus pinturas.

 

 

¿Ciencia Ficción Femenina es una retrospectiva?

Esto partió como un proyecto de exposición de pinturas y acuarelas que presenté al Fondart y al Mavi. Pero cuando lo vio el Mavi, me pidieron que lo extendiera a una revisión de trayectoria. Lo llaman así porque es para artistas más jóvenes que quieran mostrar lo que han hecho en los últimos veinte años. En las salas pequeñas voy a mostrar pinturas que hice en Nueva York y las que he hecho en Chile. En la sala grande van las obras nuevas. También va a haber un documental sobre el proceso de creación de la exposición que lo hicimos con Pablo Mellado.

Por eso estabas recopilando obras entre tus coleccionistas...

Eso fue super bueno, porque hice una revisión de toda mi pintura. Empezaron a aparecer personas y pinturas que ni me acordaba que existían.

¿Qué pasó cuando viste esas pinturas de nuevo, después de tantos años?

Me da mucho gusto saber que están viviendo en varias partes y las están mirando. Pero en general, las pinturas anteriores siempre las encuentro feas, mal pintadas...

Es una reacción muy comun. Cuando un artista ve su obra anterior, hay una especie de shock...

Si, porque uno siempre está aprendiendo. Mientras más pintas, se supone que mejor pintas. Las pinturas que hice el año pasado no son tan buenas como éstas, y asi. Hay pinturas de los 90 que las veo y les encuentro muchos errores, o están craqueladas...

Si, pero no le puedes decir eso a los compradores...

Jajaja… era muy chica! Yo empecé a vender desde que estaba en la universidad. Ahora esas cosas uno las tiene super claras, que hay que tener buena calidad de materiales.



¿Vives de tu pintura?

Noooo, nunca he vivido de mis pinturas. Vendo ocasionalmente. Yo vivo de hacer clases en la universidad y aquí en mi taller. La plata de la pintura la uso para producir más, y ahorro algo. Pero los gastos del día a día los cubro con mis clases.

¿Qué tiene que hacer un artista para poder vivir de su obra?

Trabajar como todo el mundo.

Hay pocos artistas en Chile que viven de su obra...

Una opción, que la han tomado algunos, es tener una pareja que tenga solvencia. Pero estoy convencida de que todos los artistas, por muy artistas que sean, tienen que trabajar. No puedes exigirle a la pintura que te de comer, no puedes dejar que la pintura lleve el peso y signifique la presión de ser creativo, porque a veces uno no lo es, los problemas te apabullan, uno se cansa. Se hace muy pesado. Es super neurótico hacer eso. No conviene para nada. Hace que la pintura al final no dependa de lo que tú quieras hacer sino de los gustos de las personas que te la están comprando.

Te refieres a artistas que trabajan con una galería y se ven presionados a producir cierto cuerpo de obra para determinada exposición, o cierto tipo o número de obras para tales clientes...

Claro, entonces hacen solo un tipo de obra. Yo tengo distintos tipo de obra, según el año, según la experiencia de vida. Por ejemplo, mi serie de edificios. La vendí toda. Y yo perfectamente hubiese podido seguir haciendo edificios toda mi vida. Pero como no vivo de la pintura, nunca lo pensé. Ahi entendi que uno puede vivir haciendo arte o vivir haciendo arte para los demás. Si uno quiere mantener la libertad en su obra, crear una obra personal y original, no puede estar supeditado al gusto del que te compra. Yo estoy convencida de que todos los artistas deberían trabajar, tener un trabajo. Todo el mundo tiene un trabajo.

Volvamos a la muestra en el Mavi. ¿Qué vas a mostrar?

Son seis pinturas y seis acuarelas en gran formato, un dibujo a lápiz de 3 x 1.50 metros, y una animación.

¿De qué se trata la animación?

Son monitos animados. Como lo que hice para la Gabriela Mistral, pero esta es otra historia y es más larga, dura ocho minutos. La historia es de mis hijas cuando llegan a un planeta desconocido y encuentran unas piscinas con pastillas, y empiezan a tomárselas y se transforman en más grandes o más chicas. Pasan varias cosas y luego vuelven a su planeta.

¿Cuál es la temática de las pinturas?

Son pinturas donde hay naves espaciales que están hechas de órganos y partes metálicas.

Naves semi-orgánicas...

Claro. En esas naves van mujeres con trajes étnicos. Todas las pinturas tienen estas barras de puntaje de videojuegos, que las uso para quebrar la imagen, para que no parezca real. Esas barras están pintadas con colores fluorescentes, y entonces se apaga todo lo demás.

Tus referentes últimos han sido la biología, los muñecos, lo étnico, los manuales de instrucciones, y ahora los videojuegos...

Las imágenes de videojuegos las usé antes, ahora vuelven. Me encanta la visualidad de los videojuegos y tengo muchas revistas que ocupo como referencia, pero nunca juego videojuegos. Me quedé en el Atari.

Yo igual. En las pinturas también están las pastillas que aparecen en la animación...

Todas las pinturas empezaron con unas imágenes de órganos reproductores de animales: úteros de cabras, trompas de falopio de chanchos...

¿De dónde las sacaste?

De Internet. Y empecé a dibujarlas y a incorporarles estas partes como robóticas.

Es que nos estamos robotizando cada vez más...

Mira, estoy abierta a cualquier tipo de interpretación. Yo trabajo al revés. Trabajo a partir de imágenes. Después que tenía esos “órganos robotizados” se me ocurrió que si les ponía un cielo atrás parecía que iban volando. Entonces los vi como naves.

En super intuitivo el proceso...

Es importante no atar la pintura a ninguna exigencia externa...

Que no haya una idea preconcebida...

No. Tiene que haber libertad. Y paradójicamente el Fondart te lo exige al revés: tienes que idear un proyecto, contar el toyo, es decir, hacer todo el proceso mental antes de inventar la imagen.

¿Cómo llegaste a lo de la ciencia ficción?

Me puse a investigar sobre ciencia ficción porque no quería ser más pintora autobiográfica. Ya le dejé al cómic esa tarea. Puedo hacer lo quiera ahora con la pintura. Cualquier cosa que hiciera del pasado o del presente iba a ser autobiográfica, así que pensé en hablar del futuro. Entonces me puse a ver películas de ciencia ficción.

¿En qué momento empieza a chocar el contenido autobiográfico que viene del cómic con lo que querías hacer como pintora?

Ahora los separé, pero siempre estaba la competencia. Esa exposición de la Gabriela Mistral era completamente autobiográfica.

¿Qué ideas empezaron a surgir, o más bien, qué imágenes, cuando viste las películas de ciencia ficción?

A mi siempre me daban miedo las historias de, ponte tú, Ray Bradbury. Los finales de esos libros eran super abiertos. En las películas de ciencia ficción de los años 50 siempre hay un mismo hilo conductor: el miedo a que llegara una fuerza externa y se apoderara de algo que es tuyo. Y es el miedo a perder el poder, que es un miedo propiamente masculino. La ciencia ficción le encanta a los hombres. Por eso pensé en trabajar con mujeres, porque nuestros miedos son distintos, tienen que ver con tu cuerpo, con las emociones. Asi comencé a encontrarle el sentido a las pinturas.

Creaste estas super heroínas ¿En qué se distinguen de los superhéroes?

Los miedos de las mujeres son a arrugarse, no ser atractiva, que no te miren, que no te quieran, no tener hijos o tenerlos y que les pase algo, que no sirvas. Pero las mujeres no le tenemos miedo a perder el poder porque nosotras no tenemos el poder. Estas mujeres que van en estas naves, con sus trajes étnicos, simbolizan un poco eso que le pasa a una como mujer. Pero el rollo llega hasta ahi no más.



Cuéntame de las acuarelas. Son como un híbrido entre ilustración, cómic y animación...

Las acuarelas parten de revistas de animé japonés. Al final de estas revistas aparece una sección de “diseño del personaje”: sus trajes, sus cualidades. De ahi vienen.

Si, se nota… tienen una composición bien diagramática… Y las protagonistas hablan distintos lenguajes...

Si. Quería que las acuarelas fueran enigmáticas. Así que hablan en coreano, japonés y polaco. Me gusta la acuarela. Me gusta el proceso de hacer un dibujo y luego pintarlo. Es una ilustración.

¿Es el mismo proceso para las pinturas?

Para hacer las pinturas pimero hago un dibujo en la croquera. Ese dibujo después lo proyecto con el data en un papel adhesivo, y después lo pego en la tela. El papel es como una máscara, que me da libertad para poder hacer pinceladas largas y no tener que parar, porque cuando paras se nota la marca. Queda una marca de pintura y eso no me gusta.

He visto fotos de tu proceso y veo que trabajas con asistentes...

El proceso ese del masking (máscara) lo hacen mis alumnos de la Uniacc. Vienen a ayudarme para que salga más rápido. Para esta muestra hice cuatro pinturas al mismo tiempo, por ejemplo.

Siempre me acordaré de una frase tuya, cuando te conocí en Nueva York. Cuando te pregunté qué tipo de obra hacías, me dijiste: “Pinto con pintura y pincel”...

Jajaja

Me pareció super directa la frase, como que te sentías orgullosa de ser pintora y marcabas un territorio: “Yo no soy artista conceptual”. Para mi eres además una artista anti-celebrity...

Yo creo que esa impresión viene porque no funciono mucho en grupo. Siempre fui sola y me acostrumbré a defender mis cosas sola. No tenía una generación que me acompañara.

Hay generaciones, y hay grupos de artistas. Nunca formaste parte de uno…

Es que eso no se planea, es espontáneo. Eso se forma generalmente en las escuelas. En mi curso, ninguno pintaba igual que el otro. Ahora lo que me pasa es que de repente veo gente que me gusta, pinturas que están hechas con cariño, que expresan cosas, como también veo pinturas tímidas, o que no son honestas y están copiadas de otras cosas, que quieren gustar o son formulaicas. Y eso pasa porque hay muchas más formas de saber qué se está haciendo. Es solo cosa de meterse en Internet. Antes uno veía las cosas en los libros, nadie viajaba. Cuando uno es joven, está siempre esa angustia de que uno tiene que ser original. Pero hoy, como hay tantas cosas, es difícil ser original. Cuando joven uno habla mucho, sale tres veces a la semana a carretear y cuenta en qué anda con la pintura. Ahora no. Uno se repliega, uno tiene hijos, no hay tiempo para eso. Yo ahora protejo más mi espacio y mi privacidad.

Tu pasaste nueve años fuera de Chile. ¿Cómo encontraste al país a tu vuelta?

Chile es Chile. Yo no le voy a pedir a Chile que sea como Nueva York. Pero en realidad, más que comparar a Chile con Nueva York, yo lo comparaba con el Chile de antes. Al llegar me di cuenta que había muchas más galerías, que había pintores jóvenes super buenos, sin el rollo teórico y más honestos, que había pintura. Y me gustó. Pero igual yo no me vine a consumir arte, me vine a criar a mis hijas. Ya cuando ellas estaban un poquito más grandes me puse a trabajar de profe, y llevaba a mis alumnos a ver las exposiciones. Hay mucha gente talentosa, mucha.

¿Quiénes?

Me gustan muchos: Pablo Ferrer, Mauricio Garrido, Felipe Santander, Tomás Rivas, Ignacio Gumucio, Bruna Truffa, Nicolás Radic, Joaquín Cociña… Cuando estaba en la universidad no podía nombrar tanta gente: dos con suerte. No me gustaba nada de lo que había y había muy poco. Ahora hay muchas cosas buenas, hay mucho humor en la pintura, más ilustración y cómic, y una revalorización del dibujo.

Y un poco más de narrativa en la pintura…

Chile es un país con tradición poética y literaria. Tenemos dos premios Nobel de Poesía. El mundo literario, el teatro en Chile son más importantes que la pintura. Y la pintura no quiere ser literal. Esa es tarea de la literatura. Entonces la pintura es simbólica. Hay una tradición importante de pintura simbólica en Chile. Pero eso está cambiando.

Tus pinturas son super narrativas…

Siempre cuentan una historia, y en ese sentido tienen que ver mucho con la literatura. A mi me encanta escribir. De hecho, ahora estoy escribiendo un cómic que quiero publicar este año.

Además de narrativas, ¿tus pinturas encajarían en alguna categoría? Es difícil verse en el presente dentro de una corriente, o una tendencia, o incluso una moda, pero ¿con qué las identificas?

Tengo muchas referencias pop y populares, ya sean juguetes, libros ilustrados antiguos o fotos de revistas. Voy armando un imaginario con todo lo que voy encontrando. Pero con el cómic no pasa eso: todo sale de mi cabeza.

 

 




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